Palabras de Mons. Maximino Martínez

06
Dic

CODICOSOC. 6 de diciembre 2017. Al final de la santa Misa de toma de posesión del Oficio de Mons. Maximino Martínez, dirigió unas palabras de agradecimiento al pueblo de Dios:

“Primero  que todo doy gracias a Dios, nuestro Padre, que me ha querido llamar a colaborar en su Reino como sucesor de los apóstoles; doy gracias a Nuestro Señor Jesucristo que como se decía en su Palabra el ser reconocido como san Pedro como el Hijo de Dios vivo, el Emmanuel, el Dios con nosotros; doy gracias a mis hermanos cardenales; al santo padre, Francisco, su representante Franco Coppola, que siempre ha estado cerca de nosotros; a mis hermanos obispos de las diferentes Diócesis que se han hecho presentes aquí, porque creo que como yo, ellos también han sentido esa fraternidad, no sólo como hermanos en el episcopado, sino como amigos; a todos los sacerdotes que vienen de Ciudad Altamirano y a los de aquí de Toluca.  Gracias  a los de Altamirano porque en todo momento he sentido su apoyo, sobre todo en los momentos más difíciles de mi vida, y a los de aquí de Toluca porque aquí he nacido como sacerdote, un 10 de septiembre de 1979 en esta catedral. Doy gracias a mis hermanas religiosas, a los hermanos que colaboran en la evangelización, a todos mis hermanos en la fe.

Ciertamente como nos dice el papa Francisco, ser obispo no es llevar una carrera eclesiástica para vanagloria, sino que es un regalo de Dios para servir a su pueblo, por eso cuando se me hizo este llamado para colaborar como auxiliar de esta Diócesis, con gusto vengo a servir; le decía al Nuncio ‘Si ahí ahora hago falta y sí soy útil pues con todo gusto acepto puesto que es dónde nací y podré compartir un poquito de lo mucho que he recibido.

Agradezco a quienes han venido a acompañarme, no sólo físicamente, sino con su oración para que sepa ser fiel a Dios y cumplir la misión que se me confía con esas fuertes columnas y poder perseverar en la misión que el Señor me ha confiado. Que importante es santificar al pueblo de Dios, pero sobre todo es necesario ser testigos y hoy puedo testimoniar que el Señor nos ama, que nuestra vida está en sus manos. `

Como obispo, Ciudad Altamirano es mi primer amor y ahora regreso de donde salí y vamos caminando. Les pido, como nos ha enseñado el Papa Francisco: ‘Recen mucho por mí’ para que sepa responder a la misión que el Señor me confía.

Que el Señor bendiga a todos”.