EXPERIENCIA DE PENTECOSTÉS CON LA COMUNIDAD DE “SAN JUAN CHIQUITO”

21
May

La Iglesia, familia de Dios, celebró con gran alegría el don del Espíritu Santo en la fiesta litúrgica de Pentecostés, que marca el final del tiempo de Pascua y da continuidad a la vivencia del tiempo ordinario.

 

Por tal motivo, en las comunidades de nuestra Diócesis de Toluca, se llevaron a cabo diferentes eventos en los que se conmemoró el regalo del Espíritu. Una de ellas fue la comunidad de la rectoría de San Juan Apóstol y Evangelista, mejor conocida como “San Juan Chiquito”.

 

El pasado sábado 19 de mayo, los servidores de esta comunidad y fieles asistentes se dieron cita en el estadio de béisbol Toluca 80 para orar, alabar y celebrar la fiesta de Pentecostés. Dirigidos por el Pbro. Lic. Ignacio Martínez Pliego, un ejército de servidores se dio a la tarea de disponer todo para que los asistentes tuvieran su encuentro con el Señor.

A pesar de la fuerte granizada y la lluvia que azotó la zona bloqueando los accesos, el fervor no mermó. Aun así, el Señor, presente en el Sacramento del Altar, recibió la oración y la alabanza de su pueblo, guiados por la oración del Padre Tadeo Agustín y de las hermanas miembros de los Hermanos Discípulos de Jesús de San Juan Bautista.

 

Posteriormente, se realizó la celebración eucarística, presidida por Mons. Maximino Martínez, Obispo Auxiliar de nuestra diócesis, quien en su homilía recordó que el Señor, con el signo de Pentecostés, invita a la unidad en el amor, que es su Espíritu, “La promesa del Padre ahora se hace realidad, y está actuando en su Iglesia”.

 

Recordó las palabras de Jesús, que promete al Paráclito como ayuda para comprender la verdad completa: “El Espíritu del Señor que nos ilumina, nos va guiando a la verdad completa. Por eso hoy vivimos el gozo y la alegría del Espíritu Santo, viviendo como hermanos, amándonos como hijos del mismo Dios, hermanos en Jesucristo, cuando se hace realidad esta verdad se irán acabando las divisiones”.

 

Mons. Maximino terminó su homilía invitando a los asistentes a ser verdaderos testigos de Dios: “Pedimos pues al Señor, nos dé fortaleza para ser de verdad testigos de este amor, no solamente hablando, sino viviendo en ese amor a Dios, al prójimo, ayudándonos unos a otros”.