Reflexión Dominical IX DOMINGO TIEMPO ORDINARIO

01
Jun

El sábado se hizo para el hombre

Pbro. Bernardo González González

Queridos hermanos hay una frase que dice: Todos los días son iguales, pero no todos los días son para hacer lo mismo. En el libro del Deuteronomio, Dios dice: “Santifica el día sábado, como el Señor, tu Dios te lo manda. Tienes seis días para trabajar y hacer tus quehaceres pero el séptimo es de descanso, dedicado al Señor, tu Dios. Hoy día desafortunadamente hay muchos de nuestros hermanos que trabajan más de lo debido. Tienen que trabajar los siete días sea por las razón que sea. En el evangelio que hoy escuchamos, Jesús se toma un día de descanso y dice que un sábado caminaba con los discípulos por los sembradíos y ellos iban desgranando espigas.

Es muy bueno y productivo trabajar durante la semana ya que el trabajo nos santifica, pero recordando las palabras del libro del Deuteronomio, Dios manda que sólo dediquemos seis días para trabajar y el séptimo sea diferente. Si hacemos un alto en nuestra vida y reflexionamos sobre lo que nos manda el Señor, creo que muchas cosas de nosotros cambiarían. A veces el trabajo en exceso nos hace llenarnos de tantas actividades que a la larga nos pueden enfermar de la mente o del cuerpo. El estrés que se genera en nosotros es causado por el exceso de trabajo, la falta de atención hacia nuestros hijos o a familia es por el exceso de trabajo; el descanso que necesita el cuerpo para recuperar las fuerzas no se obtiene por el exceso de trabajo; el salir a divertirnos con la familia no se logra por el exceso de trabajo; agradecerle a Dios por la semana laboral que concluimos no se lleva a cabo ya que el exceso de trabajo nos lo impide; la falta de amor a la Iglesia y a nuestra fe no la practicamos porque el trabajo nos ha absorbido.

Jesús, nuestro Señor, nos hace una invitación doble y muy sencilla: Descansemos y hagamos el bien. Para nosotros los fieles cristianos católicos el domingo es el día dedicado a Dios, es el día de descanso en que debemos agradecerle por todo lo que nos dio en la semana y suplicarle que la siguiente siga siendo favorable para nosotros. El domingo, nuestro corazón se tiene que renovar para ser mejores, es el día en que somos los dueños y podemos celebrar la vida y la alegría de poder ver a nuestros hermanos que también buscan la unidad, la felicidad y la paz. Por eso los invito a que todos juntos trabajemos duro y felices durante la semana para que nuestro premio venga el fin de semana y acudamos a agradecerle a Dios por el trabajo y para que nos siga aumentando la fe y disfrutar del día conviviendo con los seres que amamos. Recordemos la gran lección que Jesús les dio a los fariseos: El sábado ha sido hecho para el hombre y no el hombre para el sábado.  El Señor es también dueño del sábado.