Catequesis sobre la Asunción de María a los cielos

15
Ago

Pbro. Eduardo Rueda Lugo

¿De verdad, podemos resucitar después denuestra muerte? ¿resucitaremos en cuerpo y alma o sólo el alma será la que permanece? Preguntas
que nos pueden causar angustia; pero, cuando contemplamos la imagen de María subiendo a los cielos, nos llenamos de esperanza y valentía porque lo que ella vivió, vive y vivirá por la eternidad, eso mismo viviremos también nosotros si nos mantenemos fieles a su hijo Jesucristo.
María, nuestra Madre, subió al cielo en cuerpo y alma y participa de manera singular en la resurrección de su Hijo, por ello aseguramos que no está muerta.

Ella,  después de su muerte (o llamada también dormición), no sufrió la corrupción de su cuerpo. Este es un gran privilegio para María exclusivamente, por su unidad de amor con su Hijo Jesucristo que fue el primer hombre que subió a los cielos (Ascensión).
Contemplemos a María en esta fiesta y ella nos llevará a su Hijo e intercederá por nosotros. Así, algún día, junto
con nuestros fieles difuntos, esperamos resucitar en cuerpo y alma y tendremos la vida de Dios, la vida eterna.

Esta es nuestra meta, el fin para lo que hemos sido creados, lo que verdaderamente le da sentido a nuestra vida, la felicidad en plenitud que tanto anhelamos.

La definición del dogma de la Asunción (1 de noviembre de 1950 por Pío XII) lleva a culmen la fe que ya desde los primeros siglos, los
cristianos profesaban, y que a la letra dice: “Proclamamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado: que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial”.