La Iglesia y los jóvenes

08
Abr

A todos nos interesan los jóvenes y el camino sobre el que tracen su futuro, pero nosotros tenemos la obligación de transformar ese interés en propuestas y acciones que los hagan sentir cobijados por la Iglesia, e identificados con ella.

La Iglesia los necesita. Sin ellos, su futuro y propósito simplemente están cancelados. Pero también ellos necesitan de esta institución, de su protección, de su escucha y del Evangelio del amor.

El Papa Francisco recién hizo pública su Exhortación Apostólica tras el Sínodo de los Jóvenes del pasado mes de octubre, y dejó varios puntos que debemos analizar con profundidad y ejecutar con determinación. Los jóvenes deben ser nuestra prioridad, pero no a partir de las prohibiciones o de ignorar y hacer menos su voz.

El Cardenal Carlos Aguiar Retes tiene claro que escuchar a los jóvenes hará para ellos una Iglesia empática, y por lo pronto, debemos entender que este proceso de evangelización debe ser por el camino del testimonio: un testimonio ejemplar de nosotros para ellos, y un testimonio de ellos para con la sociedad. De esta forma no habrá preguntas incómodas ni difíciles, y mucho menos cuestionamientos que pongan en duda su fe o su cercanía con Dios.

El Arzobispo de México asegura que debemos partir del hecho de que los jóvenes tienen muchas reservas; “sin embargo, a pesar de que éstos puedan expresar que la Iglesia no tiene nada que decirles, lo que sí tienen es sed de Dios”.

Vivimos tiempos que exigen determinación y firmeza, pero también escucha y reconciliación. Es importante que, como sociedad y como Iglesia, abonemos el camino para una generación de jóvenes más comprometidos con su entorno, en lo social y en lo político, a partir de su espiritualidad. Recordemos, en palabras del Papa Francisco, que los jóvenes cristianos son levadura de paz en el mundo.