La Palabra de Dios vino sobre Juan el bautista

09
Dic

Pbro. Lic. Alder Juncal Martínez

El Bautista se pone de pie en el Adviento. El austero predicador de la penitencia inició su ministerio profético y así comenzó la etapa decisiva de la historia de la salvación eterna. Juan parece haber tenido demasiada importancia, era un hombre bueno que invitaba a los judíos a participar del bautismo, con tal de que practicaran la justicia entre ellos y la piedad respecto a Dios. Despertó un gran entusiasmo su predicación, entre la gente, tanto que Herodes temió una posible insurrección (F. Josefo).

Asimismo, los relatos evangélicos reflejan el entusiasmo que inspiraba entre la gente la predicación de Juan. Es claro que los evangelistas emplean la hipérbole al referir que “toda Judea y todos los de Jerusalén” (Mc 1, 5), “toda Judea y toda la región del Jordán” (Mt 3, 5), y “todo el pueblo” ((Lc 3, 21) acudían a ser bautizados; dando a entender que había un flujo constante de personas que iban al desierto a ver a Juan, considerándolo como un profeta. Tanta fue su fama que la gente se preguntaba, si no era Juan “El Mesías” (Lc 3, 15), posibilidad reflejada en Jn 1, 20.

¿Cómo se relacionaron Juan el Bautista y Jesús? ¿Tuvo Jesús en alta estima a Juan, como un maestro y profeta respetado? ¿O se desarrolló cierta rivalidad entre ellos?  En un nivel muy básico, Jesús y el Bautista claramente tenían mucho en común. Ambos surgieron en la Galilea de Herodes Antipas en los años 30 EC, ambos compartieron la esperanza profética para la restauración de Israel, y ambos esperaron que Dios interviniera de manera decisiva en los asuntos humanos. No es sorprendente que Jesús se interesara en la misión del Bautista y se bautizara. Ningún erudito duda de este evento: no solo se encuentra la historia tanto en Marcos como en Juan, sino la vergüenza que sintieron los escritores del Evangelio con respecto al enigma obvio del bautismo de un Jesús sin pecado para el perdón del pecado (ver especialmente Mateo 3: 14-15) sugiere una tradición de larga datación.

Lo que no sabemos es cuánto tiempo estuvo Jesús con el Bautista, ya sea antes o después de su bautismo. Parte de la dificultad aquí es que los evangelistas presentan imágenes diferentes. Escribiendo como creyentes cristianos, todos querían llevar al Bautista a la historia de Jesús, pero lo hacen de diferentes maneras. Marcos (seguido de Mateo y Lucas) presenta a Juan como el profeta hebreo Elías que vendría ante el ungido de Dios (Jesús) para restaurar todas las cosas. En esta presentación, Jesús espera hasta que termine la misión de Juan antes de embarcarse por su cuenta. Juan, sin embargo, es bastante claro que el Bautista no es Elías en cambio, su función principal es dar testimonio de Jesús. Entonces, en este cuarto Evangelio, las misiones de Juan y Jesús se superponen por un tiempo, lo que permite al Bautista tiempo suficiente para proclamar a Jesús como el “cordero de Dios”. Es difícil saber qué tradición creer aquí: ¿Se lanzó Jesús solo por su cuenta? ¿Después de que el bautista había sido arrestado? ¿O los dos estaban activos al mismo tiempo, y si es así eran sus misiones complementarias o rivales? Gran parte de la predicación del Bautista, sin duda, se ha perdido para nosotros, pero es muy probable que Jesús se uniera a su círculo de discípulos durante algún tiempo, aprendiendo del profeta y elaborando sus propios puntos de vista. En algún momento, sin embargo, Jesús decidió liderar su propia misión. El impulso para esto puede haber provenido de su propio bautismo, que claramente tuvo un profundo efecto en él. Independientemente de lo que hagamos de la paloma y de la voz divina que aparentemente apareció, está claro que sufrió algún tipo de experiencia mística. La analogía más cercana es el llamado profético en las Escrituras hebreas, un sentido de una comisión especial de Dios para un propósito particular.

La misión de Jesús era bastante diferente de la de Juan. Donde Juan vivió una vida frugal en el desierto, predicando un juicio inminente y ofreciendo el bautismo como un signo de inclusión en su movimiento, Jesús disfrutó de la socialización entre los pueblos y aldeas de Galilea, contando a todos los que se preocuparon por escuchar la naturaleza revolucionaria del reino de Dios. Quizás lo más notable, Jesús descubrió que él era un sanador experto y exorcista, y fueron estas habilidades, quizás más que sus enseñanzas al principio, las que atrajeron a grandes multitudes. Sin embargo, está claro que Jesús continuó respetando a su mentor el Bautista. En varios pasajes, declara que Juan fue la persona más grande nacida en la tierra, incluso si su propio movimiento fue el amanecer de una nueva era (Lc 7: 24-27, que es paralelo a Mt 11: 7-10, Mt 11: 14-15).

Los Evangelios recuerdan que Juan envió a sus discípulos a Jesús para preguntar si él era el que iba a venir (Lc 7: 18-23, que es paralelo a Mateo 11: 2-6). Si este dicho es auténtico (como suponen muchos eruditos), sugiere una duda por parte de Juan con respecto a Jesús y su misión. Al final, la ejecución de Juan acortó cualquier rivalidad emergente entre los dos hombres, muchos (aunque de ninguna manera) los discípulos de Juan se unieron a Jesús, y los pensadores cristianos comenzaron a transformar a Juan de mentor en precursor y testigo profético.

Se encuentra en la cárcel, dijo la verdad a la cara misma del señor del Estado, nada sabía de política real: tiene razón, pero nadie le saca de la cárcel y sus amigos no arman una revolución. Gente demasiado insignificante, que sólo se interesa por la teología y saben poco de la vida (así al menos lo parece). No es fácil permanecer encerrado sin esperanzas en la cárcel como un profeta pasado de moda y esperar la muerte segura. Pero el Bautista no es una caña que se cimbrea a todo viento del mundo. Cree a pesar de todo. Es el mensajero que prepara a Dios el camino. Preguntar si Jesús es el indicado-el que ha de venir- está permitido presentar a Dios el corazón temblando, el corazón que casi ya no puede más, ni sabe ya hasta dónde llegarán las fuerzas. En ese corazón orante siempre queda la fe.