LOS CONCEBIDOS, ¿NO TIENEN DERECHOS?

16
Mar

+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo Emérito de SCLC

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Con ocasión del reciente Día Internacional de la Mujer, de nuevo se oyeron muchas voces pidiendo la total liberalización del aborto, como un derecho de la mujer. Ante estos hechos, hay que decir con toda claridad que no sólo las mujeres embarazadas tienen derechos; también los no nacidos. Los defenderemos, aunque nos tilden de retrógrados y antifeministas. No lo somos. Defendemos derechos humanos de ellos y de ellas; por eso, tampoco las criminalizamos, sino que tratamos de comprenderlas y apoyarlas para que salgan adelante, ellas y sus recién concebidos. Hay muchas instituciones de Iglesia que con amor reciben a sus criaturas, si quieren deshacerse de ellas.

Apoyamos la dignidad de todas las mujeres y respetamos su derecho a ser libres, incluso el derecho a abusar de su libertad para hacer lo que quieran con su cuerpo, pero lo que llevan en su seno, desde el momento de la concepción, es un verdadero ser humano. ¿Este no tiene derechos? ¿No tiene derecho a la vida? Aunque no puede salir a marchar por las calles, ni votar en las cámaras legislativas o en las consultas ciudadanas, es una vida humana en gestación. No es sólo un cúmulo de células, un cigoto, un feto, un embrión, o como se le quiera llamar, sino una persona que tiene vida, y vida humana. Se está gestando otro ser, un hijo. Antes de las 12 semanas, se mueve, se van conformando sus órganos, se escucha su corazón. Deshacerse de él en forma violenta, no es quitarse un tumor maligno, sino destruir un ser humano. ¿Se puede eliminar un ser humano? Eso sería matar, asesinar a un inocente.

Las reacciones proabortistas se recrudecieron después de que el Congreso de Nuevo León aprobó por 30 votos a favor, 8 en contra y 2 abstenciones, esta modificación al Artículo 1 de su Constitución local: “El Estado reconoce, protege y tutela, el derecho a la vida que todo ser humano tiene. Desde el momento de la concepción entra bajo la protección de la ley y se le considera como nacido para todos los efectos legales correspondientes, hasta su muerte natural”. Son ya 21 de los 32 Estados del país que han aprobado el mismo derecho. ¿Esto no es democracia? Es imperfecta, pero válida y legítima, según nuestro marco legal. ¿Este asunto se resuelve con consultas ciudadanas, como la que propone el presidente del país? Eso es lavarse las manos, como Pilato, en vez de asumir su responsabilidad de gobernante defensor de la vida incipiente, inocente e indefensa. El derecho a la vida de todo ser humano no está a discusión, ni depende de consultas amañadas y parciales, fácilmente manipulables.

Aunque la misma Secretaria de Gobernación, varios miembros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, comunicadores y organizaciones feministas defiendan el falso derecho al aborto, la ciencia ha demostrado que el recién concebido es un ser humano. No es una cuestión meramente religiosa o moral; es ciencia. No es que la Iglesia quiera imponer su moral, en un Estado laico, sino defender el derecho a la vida de un ser humano. Yo no sé cuántas de las mujeres que defienden ese falso derecho a abortar, en el fondo es porque ya se practicaron abortos, y quieren de alguna manera tranquilizarse a sí mismas y pensar que actuaron bien. Esto no es obrar con criterios objetivos, sino por un subjetivismo individualista y relativista.

No criminalizamos a todas las mujeres que abortan, porque no se puede juzgar y condenar a todas con el mismo criterio. No se puede tratar igual a una mujer violentada, que a una libertina irresponsable o traumatizada. La cárcel indiscriminada no siempre es la medida más justa.

PENSAR
Dice el Catecismo de la Iglesia Católica: “La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida” (2270).
“Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado; permanece invariable. El aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley moral” (2271).
“El derecho inalienable de todo individuo humano inocente a la vida constituye un elemento constitutivo de la sociedad civil y de su legislación: Los derechos inalienables de la persona deben ser reconocidos y respetados por parte de la sociedad civil y de la autoridad política. Estos derechos del hombre no están subordinados ni a los individuos ni a los padres, y tampoco son una concesión de la sociedad o del Estado: pertenecen a la naturaleza humana y son inherentes a la persona en virtud del acto creador que la ha originado. Entre esos derechos fundamentales es preciso recordar a este propósito el derecho de todo ser humano a la vida y a la integridad física desde la concepción hasta la muerte. Cuando una ley positiva priva a una categoría de seres humanos de la protección que el ordenamiento civil les debe, el Estado niega la igualdad de todos ante la ley. Cuando el Estado no pone su poder al servicio de los derechos de todo ciudadano, y particularmente de quien es más débil, se quebrantan los fundamentos mismos del Estado de derecho… El respeto y la protección que se han de garantizar, desde su misma concepción, a quien debe nacer, exige que la ley prevea sanciones penales apropiadas para toda deliberada violación de sus derechos” (2273).

El Papa Francisco, en su Exhortación Amoris laetitia, dice: “La Iglesia rechaza con todas sus fuerzas las intervenciones coercitivas del Estado en favor de la anticoncepción, la esterilización e incluso del aborto. Estas medidas son inaceptables incluso en lugares con alta tasa de natalidad, pero llama la atención que los políticos las alienten también en algunos países que sufren el drama de una tasa de natalidad muy baja. Como indicaron los Obispos de Corea, esto es actuar de un modo contradictorio y descuidando el propio deber” (AL 42).

Sin embargo, citando al mismo Catecismo, nos advierte que hay muchos condicionamientos que pueden disminuir o eliminar la culpabilidad: “La imputabilidad y la responsabilidad de una acción pueden quedar disminuidas e incluso suprimidas a causa de la ignorancia, la inadvertencia, la violencia, el temor, los hábitos, los afectos desordenados y otros factores psíquicos o sociales. En otro párrafo se refiere nuevamente a circunstancias que atenúan la responsabilidad moral, y menciona, con gran amplitud, la inmadurez afectiva, la fuerza de los hábitos contraídos, el estado de angustia u otros factores psíquicos o sociales. Por esta razón, un juicio negativo sobre una situación objetiva no implica un juicio sobre la imputabilidad o la culpabilidad de la persona involucrada. En determinadas circunstancias, las personas encuentran grandes dificultades para actuar en modo diverso. El discernimiento pastoral, aun teniendo en cuenta la conciencia rectamente formada de las personas, debe hacerse cargo de estas situaciones. Tampoco las consecuencias de los actos realizados son necesariamente las mismas en todos los casos” (AL 302).

ACTUAR
Luchemos denodadamente por defender el derecho a la vida de los concebidos, pero también escuchemos con misericordia a las mujeres que viven situaciones complicadas y ayudémosles a enfrentarlas en forma positiva para ellas y para sus hijos. Ellas y ellos tienen derechos, que se deben respetar.