Los jóvenes y la Virgen María

11
May

Ana Paula Álvarez Tostado Gutiérrez

Conoces a la virgen María, pero ¿sabes cómo se hace presente en tu vida? María toma dos roles bien importantes, el primero como madre y el segundo como modelo de vida. Vamos a verlos con detenimiento.

Primero, siempre hemos contado con el afecto maternal de María, no dudamos ni un segundo que acudir a ella es acudir a nuestra querida mamá del cielo. Su compañía es siempre una caricia del cielo. No olvidemos cómo llamó a nuestro hermano san Juan Diego “noxocoyouh”, el más pequeño y amado, así mismo nos llama nuestra madre del cielo.

¿Qué hacer con ese afecto tan sincero? Sólo queda corresponder. Decirle “tonantzin” (nuestra madre), señora y niña mía, como san Juan Diego, y hacer lo que ella mande. Nuestra señora siempre buscará que nuestro camino se dirija hacia su hijo Jesús. En los momentos de dificultad podremos buscar su ayuda o descansar en su regazo. Sin miedo, sin agüites, descubre una madre que te ama en María.

Segundo, debemos recordar que María fue muy joven al recibir el anuncio del ángel. Podría tener unos 14 o 15 años. Desde ese momento tomó las riendas de su vida, aceptando lo que Dios tenía preparado para ella. ¿Entonces por qué esperar a cumplir el plan de Dios? Es bastante común entre chavos el pensamiento de esperar a llegar a viejo para enmendar el camino, pues se piensa que se es demasiado joven y hay muchas cosas que hacer: fiestas, experiencias, viajes, conocer gente, probar de todo…al fin y al cabo llegaremos a los ochenta.

Está muy bien el querer vivir, pero escucha a nuestro hermano mayor en la fe, san Agustín: “¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé!” (Las Confesiones). Que por estar “viviendo” no se nos pase el tiempo de encontrar ese amor tan grande e irrepetible que es el de Dios. María dio el sí a tu edad, sin miedo y dispuesta a todo, y te aseguro que nunca le faltó el amor o la felicidad.

Abraza el dolor con paz como María, busca los planes de Dios para cumplirlos al momento como ella, pero, sobre todo, agárrate de tu madre del cielo y no la sueltes, que ella nunca lo hará.