Reflexión al evangelio según San Marcos 10, 17-30

14
Oct

Pedro Rivera Fernández

Antes de iniciar nuestra reflexión en este día, les invito a hacernos personalmente una pregunta: ¿Cómo es mi encuentro con Jesús en la escucha de su Palabra?

Escuchamos en la Segunda Lectura que la Palabra de Dios es viva y eficaz, descubre los deseos e intenciones del corazón. Quiere decir entonces, que al dirigirnos a Dios y expresar las necesidades deseadas, él ya sabe y conoce cuánto vamos a pedirle. Cuántas veces al dirigirnos a Dios por medio de la oración pareciera que Dios no nos escucha, porque no experimentamos o no vemos resultados favorables a la petición expresada. Y así, como aquel hombre del Evangelio al presentarnos ante Jesús y justificando nuestros buenos comportamientos, nos arrodillamos y le decimos: ¿Qué debo hacer para lograr esto o aquello? Yo no le hago daño a nadie, no me meto con nadie, a mi familia le doy lo necesario, simplemente hago lo que me toca hacer…

Y es aquí donde quisiera detenerme para juntos reflexionar la invitación y propuesta del Evangelio de hoy, centrando la atención en la pregunta que al inicio les invitaba a reflexionar, ¿Cómo es mi relación personal con Dios y con Jesús en su Palabra? Porque podemos caer en el conformismo y justificar las actitudes y acciones con una vida estable, sin problemas, agradable a los ojos de quienes nos rodean, familiares, amigos, compañeros… incluso queriendo ser reconocidos por ellos, sin embargo, aunque esas acciones y actitudes pueden manifestar coherencia de vida, también pueden estar disfrazadas, por eso a la luz del Evangelio, Jesús nos invita a dar un paso más allá de un simple cumplimiento.

Dice el Evangelio según san Marcos. Jesús lo miró con amor y le dijo: “Sólo una cosa te falta”…ve y vende; da el dinero; después ven y sígueme”. Acciones concretas a la propuesta de Jesús, acciones a los que este hombre estaba acostumbrado a realizar, simplemente a hacer. El paso decisivo a la invitación de Jesús es a “compartir”; primero las riquezas; segundo, la vida con Jesús. Es decir, una verdadera expresión de amor, no basta entonces simplemente ser bueno, hacer cosas buenas. Es necesario desprendernos de todo aquello que nos impide responder plenamente a esta mirada de amor, no conformarnos con sólo conocer o saber preceptos, cumplirlos para quedar bien, confiar en nuestras condiciones humanas sabiendo de nuestras limitaciones, sino estar plenamente convencidos de las palabras de Jesús: “Es imposible para los hombres, mas no para Dios”.

Que la experiencia de este día, al venir al encuentro con Jesús por medio de su Palabra, haga a cada uno consciente de la importancia de caminar a su encuentro en la Eucaristía, así, fortalecidos por su amor, nuestras acciones no sean sólo mecánicas, sino signos de un discípulo que se ha encontrado con el Maestro.