SEÑOR, ¿A QUIÉN VAMOS A IR?

24
Ago

Reflexión para el Domingo 26 de Agosto de 2018

Domingo XXI Tiempo Ordinario

Un agricultor estaba ya cansado de trabajar su tierra que cada vez producía poco. En una temporada la cosecha fue tan mala, así que decidió venderla y se marchó a la ciudad. Un hombre que le gustaba la geología le compró aquel campo y en cierta ocasión el hombre caminando por aquel campo miró el reflejo de unas piedrecillas blancas. Tomó algunas y las llevó al centro de investigación de geología para analizarlas y resultó que aquel campo encerraba un gran depósito de minerales necesarios para producir aluminio y otros metales. Este hombre revendió los minerales y se hizo rico.

Una de las grandes riquezas de nuestra fe es el buen testimonio que nos han dejado nuestros padres o abuelos y es en esta fe por la cual nos movemos y existimos. Para quien hemos practicado esta fe no nos queda la menor duda que nuestro Señor es el enviado de Dios Padre para que nuestra vida sea cada vez mejor. A veces nos hacemos la pregunta: ¿Por qué nuestros fieles católicos se cambian de profesión de fe? Y la gran mayoría es porque se han enojado con su párroco, o porque no se les brindó un servicio de fe a su gusto y a su modo, o porque no les gusta cómo va la pastoral de la parroquia, o porque los que están más cerca participando en los grupos parroquiales se sienten dueños de la Iglesia, o por algún anti-testimonio. Pero lo que es cierto es que los fieles que se han cambiado a otra profesión de fe nunca lo hicieron porque de verdad ahí encontraron la respuesta de fe a sus necesidades. No se cambiaron por fe, sino por comodidad o sentimentalismo y eso le pasó a este agricultor, él tenía su tierra que había trabajado toda su vida, se cansó, le entró el desánimo, ya no quiso seguir, abandonó su tierra y no se dio cuenta que lo más valioso eran sus raíces ya que ahí encontraría siempre su gran tesoro.

Que no nos pase lo mismo. Por eso los invito a que meditemos y no permitamos que nuestra fe se abarate, no vendamos lo más precioso que Dios nos ha dado. Estas son nuestras raíces, así que mejor pongámonos en camino a mejorar nuestra fe dando siempre buen testimonio de ella y defendiéndola con buenas obras. Que las pruebas que pasemos, por más difíciles que se vean no nos hagan desanimarnos o los anti-testimonios no nos venzan y dejemos solo a Jesús. Recordemos las palabras que Pedro dijo a Jesús cuando les preguntó si también ellos querían dejarlo, Pedro dijo: Señor, ¿a quien vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna y sabemos que eres el santo, el consagrado de Dios. Esa profesión que le hizo Pedro a Jesús es la que nosotros también debemos hacer. Así que a defender nuestra fe con buenas obras y no renunciar a ella.