Ve y vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres

14
Oct

Martín José Colín García

¿De qué está llena tu vida, de riquezas o de la gracia de Dios?

Una vez más, Jesús sale al camino (a nuestra vida) para encontrarse con nosotros y dirigir su palabra; quiere provocar nuestro interior, porque “la Palabra de Dios es viva y eficaz, más penetrante que una espada de dos filos”. Quiere mostrar su mirada de amor.

Y podemos salir a su encuentro como aquel hombre que se arrodilló frente a él, para que su palabra tenga efecto en nosotros. Pero debemos ir “vacíos” de todo afecto material, riquezas y bienes que ofrece el mundo, porque un corazón saturado y lleno no admite nada más: no cabe su Palabra ¡Se desparramaría!

Por eso, ¡qué difícil es para alguien correr hacia el Señor lleno de cosas, comodidades, riquezas…!  Y más aún, seguirle. Porque estamos acostumbrados a tenerlo todo pero a estar solos y no hacer daño a nadie; “cumplir los mandamientos” pero no más. Y, si rechazo a los otros, rechazo a Dios.

Y Jesús sale a nuestro camino para ofrecernos su riqueza: la salvación, que no podemos conseguir solos porque es gracia. Pero se requiere un corazón vacío de toda riqueza para que la gracia de Dios habite y actúe.

Sólo cuando dejamos habitar la gracia de Dios en nuestra vida, actúa Dios mismo en el interior; entonces sí podremos vender “todo lo que tenemos” para repartirlo a los pobres: descubrimos que la verdadera riqueza consiste en estar con Jesús.

La mirada de amor de Jesús hace descubrir que no soy solo yo y mis necesidades: están los otros; mi prójimo. En esto consiste la verdadera sabiduría: en confiar en la mirada de Dios que me invita a seguirlo para trabajar con él por el Reino de Dios.

Un corazón libre de todo apego a las riquezas es capaz de aceptar al Señor, seguirle, anunciar el Evangelio a todos aquellos que tienen un corazón ocupado para que sean libres.

La verdadera riqueza de todo cristiano es seguir al Señor para ser libres y vivir con él.